El control total de la Guardia Nacional por parte del Ejército no es un detalle técnico… es una señal de alerta
#PalomitasEnPrimeraFila
Por: Heber Azamar
Con 349 votos a favor y 132 en contra, la Cámara de Diputados aprobó este 24 de junio la reforma que otorga control total de la Guardia Nacional al Ejército. Sin una sola abstención, la decisión fue contundente… y preocupante. No es un ajuste administrativo. Es una redefinición del papel del poder civil frente a las fuerzas armadas.
Esta reforma pone a la Guardia Nacional bajo el control absoluto del Ejército. Ya no como apoyo. Ya no como híbrido. Ahora sí, totalmente militar.
Es importante destacar que -por primera vez en 107 años- el artículo 129 constitucional será modificado, pues este es uno de los numerales de la carta magna que permanecía con la redacción original que avaló el Congreso Constituyente en 1917.
Y esto implica que la seguridad pública ya no es pública. Ni civil. Ni ciudadana. Ahora será gestionada, vigilada y operada por la Sedena. Y por si fuera poco, sus elementos tendrán permiso para espiar, intervenir comunicaciones, rastrear personas, y además, pedir licencia para postularse a cargos públicos.
Es decir, un militar podrá pedir “chance” para ser alcalde, diputado o funcionario civil. Con licencia especial. Una joya legal para quienes aún dudaban que el país se esté militarizando paso a paso, y con aplausos.
Quienes defienden la reforma dicen que así se garantiza orden, disciplina y cero corrupción. Como si en este país no hubiéramos visto generales metidos en escándalos, moches, desvíos y pactos en la sombra. Y como si los ciudadanos necesitáramos ser vigilados por satélite para portarnos bien.
Nos prometieron una Guardia Nacional civil. Y ahora nos dicen que siempre no. Que mejor así, con uniforme y jerarquía. Que así funciona mejor. Que no pasa nada.
Pero claro que pasa. Si la seguridad se vuelve un asunto castrense, es muy probable que la transparencia se esconda en archivos clasificados. Reflexione esto, si la investigación la hace el Ejército, ¿quién garantiza que no se use con fines políticos, de control, de miedo?
La ley ya fue aprobada en Diputados y va al Senado. A menos que algo extraordinario ocurra, terminarán por validarla. Y entonces surgen varias preguntas…
¿Qué sigue? ¿A quién van a investigar con esas nuevas herramientas? ¿Y quién será el próximo candidato con botas y uniforme?
Militarizar la seguridad no es una solución. Es una renuncia.
No se trata de odiar al Ejército, ni de idealizar a los civiles. Se trata de entender que la seguridad pública en una democracia no puede caminar con el paso marcial de las armas.
Porque el día que normalicemos que nos cuiden apuntándonos…
ese día, ya no nos están cuidando.
Nos están vigilando.